Cazadores de traficantes humanos

Una brigada de voluntarios, formados y animados por un funcionario tailandés, dedican sus vidas a buscar a las víctimas de trata que, provenientes de Birmania y Bangladesh principalmente, son secuestradas en campos móviles de Tailandia.

Su dedicación pretende compensar la incompetencia de unas autoridades que no consideran el tráfico humano una prioridad

Tailandia es uno de los países más permisivos del mundo con la industria del tráfico humano.

Grandes gotas de sudor recorren el tenso rostro de Kompat Sompaorat mientras recorre la jungla, esgrimiendo un fusil de asalto. Desliza disciplinadamente sus enormes extremidades en movimientos pausados destinados a no hacer ruido. Sus grandes botas consiguen pisar callado pese a que su cuerpo está revestido por un pesado chaleco antibalas, además del uniforme que le hace parecer un miembro de Fuerzas Especiales. Unos metros más allá, su jefe Cherdchai Papattamayutanon emite un suave silbido que la docena de voluntarios interpreta como una invitación a mantenerse quietos. Los oídos tornan en el único arma capaz de detectar movimiento y lograr así encontrar a potenciales víctimas de trata humana, a las que los traficantes suelen esconder en estos frondosos parajes del sureste de Tailandia, la ruta predilecta de los contrabadistas de almas que engañan a refugiados o trabajadores con promesas de un futuro mejor antes de extorsionarlos, si no matarlos, en campos de esclavos.

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